Marcos 10:45
«Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.»
El mensaje que más fuerte ha estado gritando nuestra cultura es la defensa del individualismo salvaje, en el que se anima a las persona a servir a otros pero bajo ciertos parámetros establecidos por la propia comodidad y conveniencia, sin pensar necesariamente en otros.
Sin embargo, la Palabra tiene mucho que decir al respecto y pone los parámetros para servir en claro.
- Para el Señor
En primer lugar, no se trata de servir por beneficio propio, para sentirse bien consigo mismo, como “pagando” una deuda a Dios o buscando protagonismo. El propósito del servicio es glorificar a Dios, Romanos 11:36 dice «Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén.»
- A todos
Mateo 5:13-16
»Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo lo recobrará? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee.
Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una montaña no puede esconderse. Tampoco se enciende una lámpara para cubrirla con una vasija. Por el contrario, se pone en el candelero para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos.»
Un segundo parámetro, es servir a todos. En las bienaventuranzas Jesús reta de una manera directa. Una de las porciones que más ha llamado mi atención es cuando habla acerca de ser sal y luz. Si lo notan, cuando la sal está guardada no hace nada, pero cuando se usa tendrá impacto donde se ha usado. Y así mismo la luz se enciende con propósito y para beneficio de otros. Al final, la motivación para servir a otros es que ellos reconozcan la bondad de Dios y alaben al Padre.
Jesús es claro al decir que sirvamos a todos. Esto significa dentro y fuera de la iglesia, no se limita a quienes despierten en nosotros las ganas de hacerlo. Si Dios nos ha dado la habilidad de ver una necesidad, hemos sido llamados a servir, orando o proveyendo.
La luz y sal que el Señor ha otorgado, los utilizará en medio de la cotidianidad de cada persona, se puede ejercer escuchando, llorando con alguien o solamente estando en silencio con esta persona. Y también se puede ver en forma de consejo, cuando se lleva a las personas a Cristo, acompañando a las personas a crecer en madurez en el evangelio, confrontando pecados y siendo herramientas de restauración en la vida de otros.
- En todas partes
El servicio no se invalida si no se hace dentro de la iglesia, de hecho, servir fuera de la iglesia es llevar la luz del evangelio donde hay oscuridad. Servir no se limita tampoco a hacerlo bajo el nombre de un ministerio o junto a ciertas personas específicas.
El servicio, es una parte fundamental de la vida diaria y también se podría ver como seguir rutinas que benefician a quienes nos rodean, sea cocinar alimentos, asear un espacio, prever necesidades, escuchar a los nuestros u orar por ellos.
Tenemos el desafío de menospreciar nuestra cotidianidad al pensar que lo normal no es un acto de servicio para el Señor.
Un factor fundamental para servir para la gloria de Dios, es la motivación con la que se hace. Por eso es tan llamativo Colosense 3:23 «Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo.» Porque como dije al comienzo, en esta cultura de individualismo salvaje, donde sí, hay personas que sirven, pero lo hacen para su propio beneficio; por lo tanto, nuestro llamado es más difícil, porque habrá ocasiones en las que no sea placentero, reconfortante o satisfactorio servir, también podrá suceder que no se vea el resultado de nuestro servicio, pero aún así estamos llamados a hacerlo, no por nosotros sino para el Señor.
Deja de mirar hacia dentro para encontrar significado, hay que mirar a la cruz y seguir el ejemplo de Jesús, Él no se apegó a nada y más bien lo entregó todo para servirnos a nosotros.
Filipenses 2:5-8
«La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,
quien, siendo por naturaleza[a] Dios,
no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
Por el contrario, se rebajó voluntariamente,
tomando la naturaleza[b] de siervo
y haciéndose semejante a los seres humanos.
Y al manifestarse como hombre,
se humilló a sí mismo
y se hizo obediente hasta la muerte,
¡y muerte de cruz!»
Una aclaración
Parte de nuestra madurez al servir es tener claridad acerca del nuestro rol al servir, nosotros no cambiamos a nadie ni es nuestro trabajo producir frutos en la vida de otros. Es el Señor quien hace esto:
Filipenses 2:13
«pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.»
También, hay una responsabilidad personal que tiene cada persona y de la cual no podemos responsabilizarnos nosotros, Pablo nos recuerda en Gálatas 6:5 «Que cada uno cargue con su propia responsabilidad.». Si bien los primeros 4 versículos de este capítulo el llamado es a apoyar a otros con sus cargas, esto no elimina la responsabilidad propia.
En conclusión, estemos listos para servir para gloria del Señor, en todo momento, a todas las personas, en cualquier lugar y sin excusas.



