»1No juzguen para que nadie los juzgue a ustedes. 2 Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.»
Aún quienes no son creyentes repiten estos versículos a diestra y siniestra, claro cuando les conviene. Por otro lado, para los creyentes, es tal vez, después de Juan 3:16, uno de los versículos más memorizados y recitados. Pero cobra mayor protagonismo al momento de pedir que se tome una posición con respecto a un tema o persona, pues se recita cuando se quiere permanecer neutral y no quedar mal con nadie.
Antes de continuar quiero compartir algunos conceptos con respecto a juzgar.
- Juzgar algo presupone que existe un estándar previo para determinar la validez o invalidez de algo.
- Juzgar es la facultad intelectual que se tiene para pensar, entender, discernir y descubrir algo.
- Es una herramienta para distinguir entre lo bueno, lo mejor y lo malo.
Entonces, como cristianos diligentes, no se puede generar una doctrina a partir de unos versículos separados de su contexto. Como dijo un teólogo: “sacar un texto fuera de contexto para hacer un pretexto”.
Al hacer una exégesis del pasaje, y continuar con los versículos 3 y 4, estos dan una luz:
3 «¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? 4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo?»
Es un llamado a primero reflexionar en la propia vida antes de señalar el pecado de alguien. Porque es muy fácil ver lo malo que hacen los demás antes de reconocer el pecado propio. Pues en vez de juzgar con misericordia y para restaurar, se juzga para condenar. De hecho Gálatas 6:1 hace esta invitación:
«Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídense cada uno, porque también puede ser tentado.»
5 «¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.»
Este verso es el centro y a partir del cual se debería actuar. Jesús está haciendo un llamado a no ser hipócritas, ni pasivos, ni neutrales. Es importante recordar que el amor no se deleita en la maldad (1 Corintios 13:6a). Es decir, no condenes cuando tú luchas con ese pecado. Primero, examina tu vida y trata con ese pecado de la mano del Señor; busca apoyo en tu iglesia local. Luego, cuando hayas tratado con ese pecado, camina con tu hermano para que pueda vencerlo.
Jen Wilkin en su libro Nadie Como Él, dice «Somos tan ajenos a nuestras inclinaciones pecaminosas que solemos escuchar sermones o reflexiones para juzgar a otros en lugar de examinarnos a nosotros mismos»
En el paralelo de este pasaje en Lucas 6:41-42 en la NVI «No le das importancia a la viga que está en -tu ojo-» Es un llamado claro a ser humildes cuando se puede reconocer el pecado en otros, a recordar que todos enfrentamos el pecado, pero la manera de tratarlo en comunidad es primero en humildad delante de Dios.
Lucas también habla de un elemento importante y es la ceguera, la cual es un producto directo del pecado, por lo tanto, no se debería dar por sentado que se ve correctamente y de aquí surge la necesidad de siempre estar arraigados en la Palabra.
Entonces, no se trata de no juzgar, sino de no hacerlo de manera hipócrita. Pasemos ahora a otro aspecto fundamental: usurpar el papel de Dios para dictar juicio sobre la salvación de alguien para condenarlo. A nosotros no nos corresponde determinar el estado de salvación de una persona, esto solo lo sabe el Señor, pues es Él el único Juez que condena o absuelve. (Romanos 2:16; 1 Corintios 4:5).
Con esto claro, tenemos la obligación de discernir todo lo que vemos, escuchamos o leemos. Nuestro objetivo debe ser juzgar a la luz de la Palabra, determinando si algo es verdadero o no, bueno o malo. Estamos llamados a imitar a los creyentes de Berea (Hch.17) evitando aceptar una premisa como veraz solo porque proviene de figuras influyentes, suena atractiva o resulta conveniente.
De hecho, Jesús nos invita a juzgar. Y te puedes preguntar ¡¿qué?! Pues si, en Juan 7:24 él dice:
“24 No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia.”
Asimismo, Jesús dijo en Mateo 7:15:20 nos exhorta a reconocer a los profetas por sus frutos y ¿qué es esto sino juzgar? Así pues, juzga con misericordia, dentro del marco de la totalidad de la Palabra, para identificar si algo es bueno, mejor o malo, verdad o mentira, pero sobre todo para honrar a Dios y que puedas ser un instrumento en Sus manos para extender Su Reino.



