¿Borrón y cuenta nueva?

Cuando confundimos la paz con la ausencia de justicia.

La paz va estrictamente de la mano de la justicia; sin ella, solo existe un engaño, una falsa paz que muchas veces termina en complicidad.

Eso fue precisamente lo que ocurrió con la paz de Santos, lo que continúa Petro y lo que promete Cepeda. ¿Paz para quién?

¿Paz para quienes cometieron crímenes y hoy disfrutan de poder político sin haber respondido plenamente por sus actos? ¿Paz para las víctimas? ¿Para las familias destrozadas? ¿Para los niños asesinados? ¿Para quienes aún esperan verdad, justicia y reparación? No lo creo.

Y ahí es donde se derrumba el argumento de quienes reducen la paz a la simple ausencia de conflicto. La paz verdadera requiere justicia. De lo contrario, es apenas una ilusión.

Ahora bien, el Evangelio sí nos manda a perdonar. El cristiano está llamado a perdonar, a no guardar rencor y a tener un corazón dispuesto, incluso cuando el otro no reconoce plenamente su error. Pero el perdón no es lo mismo que la reconciliación.

La reconciliación verdadera implica restauración de la relación, y esa restauración requiere verdad, arrepentimiento y reconocimiento del mal cometido. Sin eso puede haber perdón, pero no hay restauración real ni una paz auténtica. La Biblia no presenta una reconciliación construida sobre la negación del pecado, sino sobre su confesión y arrepentimiento.

Por eso, no estoy obligado a llamar reconciliación a lo que niega el daño o evita la verdad. El perdón puede existir en el creyente, pero la reconciliación sin verdad es solo una apariencia de paz.

Y para los que en 3, 2, 1 dirán: “Jesús es paz”. Claro que sí. Pero la paz que Cristo trae no fue un simple borrón y cuenta nueva. Hubo justicia. Hubo un pago. Y qué pago tan inmenso: la cruz.

Por eso, la paz bíblica no ignora el mal ni lo encubre; lo confronta y satisface las demandas de la justicia en Cristo.

Así que la pregunta sigue siendo válida: si eres cristiano, ¿cómo defines la paz? ¿Como justicia restaurada o como impunidad disfrazada de reconciliación?

Y no, esto no nace del odio. Nace del dolor. Del dolor de ver a personas que se llaman hermanos en la fe defender ideas que separan la paz de la justicia como si pudieran existir por separado.

Porque el problema no es la falta de un manual. El manual nos fue dado hace siglos, y es extraordinariamente claro en cuanto a la justicia, la verdad, el pecado, el arrepentimiento y la paz.

Mi dolor es ver a tantos cristianos interpretar estos asuntos de una manera que no refleja la enseñanza clara de las Escrituras. La Biblia no presenta una paz construida sobre la impunidad, sino una paz inseparable de la justicia. Y cuando olvidamos eso, dejamos de pensar bíblicamente para empezar a pensar según los criterios del mundo.

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